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No podemos seguir viviendo de glorias pasadas, ni buscar justificaciones sólo en factores externos, si queremos continuar en la lucha de acuerdo a los nuevos tiempos. Por el contrario, debemos hacer una reflexión profunda, seria y objetiva de las causas de haber perdido el gobierno municipal en la segunda ciudad del país, luego de dos períodos consecutivos en el poder.
La apertura hacia la población, el evidente trabajo de infraestructura tanto en el área urbana como rural, el inicio de políticas sociales desde la municipalidad, el fortalecimiento financiero de la misma, la profesio-nalización del personal municipal, la planificación estratégica a largo plazo, el apoyo recibido de la comunidad internacional, entre otros, fueron características del primer gobierno del comité (1996-2000), que dieron margen a pensar que el segundo período sería aún de mayores logros, pero desafortunadamente no fue así. El equipo que acompañó a Rigoberto Quemé en la segunda corporación varió sus políticas, prioridades y estilo de gobernar en relación al primero y consiguientemente los resultados fueron distintos.
Hay que reconocer asimismo que, al igual que la mayoría de partidos políticos, el XEL-JÚ fue también presa del caudillismo, lo cual se reflejó en el consejo municipal, donde la mayoría de miembros tuvo un accionar anodino.
El intento frustrado de lanzarse al plano nacional en busca de la presidencia de la república redundó en el abandono de lo local, en asuntos quizás no trascendentales pero sí muy importantes para la vida cotidiana de las y los quetzaltecos, tales como la limpieza de la ciudad y el deterioro de las calles y avenidas de la ciudad, lo que demostró que era imposible desempeñar satisfactoriamente de forma simultánea ambas tareas de tal envergadura . Un escándalo de corrupción de un miembro del XEL-JÚ en el consejo municipal y la tímida y limitada reacción institucional en contra de este nefasto acontecimiento también influyeron en el fracaso del comité, así como la falta de comunicación con las bases de parte de sus representantes políticos. La salida demasiado tarde del comité a la lid electoral municipal sumada a la escasez de recursos humanos y sobre todo materiales para hacer una intensa campaña, limitaron la incidencia sobre el voto de la población. También inñuyó la ausencia de una planilla verdaderamente intercultural, ya que de diecinueve candidatos solo dos éramos ladinos, lo que demostró que la diversidad étnica también debe reflejarse en la planilla propuesta. A futuro, la interculturalidad política también debe contemplar seriamente la alternabilidad étnica en el poder. Pese a todas estas deficiencias y debilidades electorales e institucionales, teníamos mucha esperanza en la lealtad étnica quiche, pero tal factor quedó desvanecido, ya que de los más de veintidós mil votos que sacó la propuesta ganadora, al menos el 50% fue voto indígena, derrumbándose así el mito del voto duro de carácter étnico. No obstante, la derrota no es total y absoluta, porque la política no es sinónimo de detentar el poder siempre. Por el contrario, ahora nos corresponde jugar uno de los roles más importantes en cualquier democracia que se precie de tal: el de ejercer la oposición en el máximo órgano de gobierno del municipio de Quetzaltenango como lo es el consejo municipal. Con un liderazgo horizontal y visionario, Xel-Jú debe optar por formar nuevos cuadros y promover una apertura hacia los ladinos progresistas en vez de caer en el peligroso y endógeno fundamentalismo étnico como único y principal criterio para hacer política en unos tiempos que exigen pluralidad y democracia a todo nivel. (
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) Jordan Rodas
Concejal electo de la corporación de Quetzaltenango propuesto por el comité cívico Xel-Jú |