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Las elecciones del 2007 pusieron en evidencia que la ciudadanía es constante en la participación político-electoral, cuando mantiene buenas expectativas respecto del futuro inmediato. Tanto en la primera como en la segunda vuelta, la asistencia a las urnas registró porcentajes solo superados por las primeras elecciones después de la apertura democrática de 1985.
La proporción de votantes, respecto de la cantidad de ciudadanos inscritos para votar, fue de 60.3% en la primera vuelta. Durante la segunda vuelta, la votación bajó a un 48.34%; fenómeno que puede atribuirse a la disminución del interés de los líderes locales por facilitar la movilización de los electores y a la poca o ninguna presencia de compensadores materiales, tales como almuerzo, refrescos y/o viáticos. No se descarta que en esto incida también el hecho de que los ciudadanos votan en primera vuelta por un símbolo, para alcalde o presidente, que luego para la segunda vuelta aparece aliado con la organización que menos les simpatiza.
Si bien estos porcentajes no son los mejores, comparados con las elecciones en otros países, es de tomar en cuenta que la participación ciudadana está mejorando, y podría superar esos niveles en la medida en que los partidos políticos, los líderes nacionales y los gobernantes satisfagan las demandas de la población, como una manera de aportar al fortalecimiento de la vida democrática y de rescatar la credibilidad en el sistema político-electoral vigente. |